Prueba Bis.jpg

La solidaridad como forma de construir comunidades sostenibles

La solidaridad como forma de construir comunidades sostenibles

* Por Lic. Luis Ulla - Director de I+D del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE)

Resulta necesario analizar el modo en que las empresas se comprometen para transformar las comunidades en las que viven y operan, en verdaderos territorios sostenibles. Desde el punto de vista solidario, una empresa desarrolla a pleno su potencial relacional con las comunidades, cuando procesa del modo adecuado toda la información que surge de un proceso de diálogo sin solución de continuidad con las mismas.

Cuando todos los actores sociales involucrados logran hacerse una adecuada representación mental, un mapa o cuadro vivo de expectativas, necesidades, roles, responsabilidades y recursos, podríamos decir que recién ahí es cuando se encaminan hacia un desempeño comunitario solidario, ciudadano y eficiente.

Es en ese preciso punto del nivel evolutivo, cuando las empresas están en condiciones de intervenir para dejar una huella duradera en el camino hacia el desarrollo autónomo y sustentable de las comunidades con las que comparten mucho más que un territorio.

Empresas y comunidades comparten una cultura (una forma de hacer las cosas), que se expresa de un determinado modo en la geografía. Esa cultura puede, por tanto, ser de integración o de desintegración. De acelerada co-evolución o de fricción y retraso.

Y dado que resulta difícil -sino imposible- dar orientaciones válidas acerca de cómo han de comportarse las comunidades en esas relaciones que se expresan en el territorio, es bueno recordar que como mínimo, ellas han de responder a los estímulos que genera su tejido empresarial.

Una empresa que tenga claro que solidaridad significa -en términos prácticos- la labor profesional de invertir recursos privados en temas de bien público, es una organización que posee las condiciones esenciales para una buena intervención comunitaria.

La forma que han adoptado las relaciones empresa-comunidad puede ser evaluada por el resultado final de lo que las partes logran hacer juntas. Si logran cosas buenas, serán cambios en favor del desarrollo sostenible, que no sólo serán valiosos, sino sobre todo duraderos. Si se mantienen más allá del sostén o del impulso temporal de la empresa, las comunidades habrán ganado también autonomía y autodeterminación. Si se caen cuando se les quita el puntal, deberemos replantear toda la construcción desde el punto cero.

Una correcta relación empresa-comunidad no solo ha de plantearse como una obra duradera, sino que en la misma además ha de ser capaz de integrar a todos los públicos de interés en el proceso. Es en éste último, dónde la solidaridad de empresa ha de alejarse de la improvisación paternalista, y asegurarse de que dispone del conocimiento oportuno y de la habilidad necesaria para ejercer esta virtud de la solidaridad.

Para entrarnos un poquito en la filología… “solidaridad” es vista como apoyo a una causa o al interés de otros, en particular cuando esos “otros” se encuentran en situaciones difíciles. Solidaridad es de origen latino, es “solidus” que significa “sólido” para expresar algo unido, compacto, homogéneo.

Así como la persona solidaria no duda en colaborar, acercarse, unirse y apoyar a otras personas que se encuentran en situaciones desfavorecidas, lo mismo puede hacer una organización como la empresa. Esto es lo que les permite distinguirse de las indiferentes, o lo de que es peor, de las egoístas.

Cuando dos o más personas se unen y colaboran mutuamente para conseguir un fin común, hablamos de una acción de solidaridad. Es un sinónimo de apoyo, respaldo, ayuda, protección; es algo valioso que cuando se persigue como causa, puede cambiar una parte del mundo, haciéndolo mejor, más habitable y más digno.

Así como es importante fomentar la solidaridad desde la infancia para que se incorpore al ADN personal como un valor esencialmente humano; del mismo modo, no hay tamaño ni tiempo evolutivo de ninguna empresa para decidir y obrar con criterios solidarios.

Hace muchos años, visitando a un grupo de importantes fundaciones de empresas en Estados Unidos, Pedro -un querido e inteligente amigo- nos compartió su duda: “No sé si ayudan a la gente porque son grandes, o son grandes porque ayudan a la gente”.